La FIFA debe dejar de usar los contextos geopolíticos complejos como excusas de «fuerza mayor». Si el fútbol es un derecho humano, la gestión de la FIFA debe medirse por el impacto social y la inclusión, no por el balance financiero al final del torneo.
Las declaraciones de Gianni Infantino previas al inicio del Mundial 2026 dejan en evidencia, una vez más, la enorme distancia que separa a los despachos de la FIFA de la realidad de los aficionados. Detrás del agradecimiento protocolario a México y de la retórica festiva del «Mundial espectacular», se esconde una estructura que prioriza el control de daños y la rentabilidad económica por encima de los derechos humanos y la inclusión cultural.
La diplomacia del balón: El caso de Irán y la selectividad institucional
Infantino celebró como un triunfo burocrático la participación de Irán, delegando el mérito al gobierno mexicano por resolver una «situación complicada». Sin embargo, esta postura elude la responsabilidad ética de la FIFA.
- La contradicción del discurso: Se vende el fútbol como un puente de paz y un derecho universal, pero la participación de una nación y el acceso de sus ciudadanos quedan condicionados a visados, tensiones diplomáticas y barreras burocráticas que la FIFA es incapaz de arbitrar con equidad.
- El verdadero obstáculo: Mientras la cúpula celebra la resolución del conflicto político, los aficionados iraníes denuncian trabas severas para adquirir entradas. ¿De qué sirve garantizar la presencia de una selección en la cancha si se excluye sistemáticamente a su comunidad en las gradas? El fútbol sin su gente no es diplomacia; es solo un producto de televisión.
El precio de la pasión: Cuando el fútbol se convierte en un artículo de lujo
El problema del visado y el costo de las entradas no son incidentes aislados; son el síntoma de un modelo de negocio excluyente. Al validar de forma indirecta los precios prohibitivos, la FIFA profundiza la gentrificación del deporte rey.
- Fútbol de élite vs. Identidad popular: El torneo se sostiene gracias a la identidad cultural y la pasión de los pueblos (como el fervor del aficionado mexicano que Infantino instrumentaliza en su discurso), pero esos mismos aficionados son desplazados del espectáculo en vivo debido a barreras económicas infranqueables.
- La deshumanización del hincha: El aficionado ya no es visto como el alma del deporte, sino como un consumidor de alto poder adquisitivo. Un Mundial humanista debería garantizar que el acceso no sea un privilegio de pocos, sino una celebración de la diversidad global.
Alternativa y propuesta: Hacia un modelo centrado en el ser humano
Para que la Copa del Mundo recupere su valor social y deje de ser una pasarela de intereses corporativos, la FIFA debe reformular sus prioridades bajo tres pilares fundamentales:
- Garantías de Acceso Universal (Estatus de Visado Deportivo): La FIFA, al otorgar una sede, debe exigir por contrato que los países anfitriones creen un visado humanitario y deportivo ágil, universal y no discriminatorio para cualquier aficionado con boleto pagado, independientemente de las tensiones políticas de su gobierno de origen.
- Democratización Económica de las Gradas: Establecer un porcentaje obligatorio de entradas (mínimo el 30%) a precios populares regulados, indexados al salario mínimo del país anfitrión y de los países participantes, asegurando que las comunidades reales puedan apoyar a sus equipos.
- Independencia Ética: La FIFA debe dejar de usar los contextos geopolíticos complejos como excusas de «fuerza mayor». Si el fútbol es un derecho humano, la gestión de la FIFA debe medirse por el impacto social y la inclusión, no por el balance financiero al final del torneo.
El fútbol nació en las calles y pertenece a las sociedades. El día en que las trabas burocráticas y el dinero importen más que el rugido de una hinchada diversa en el estadio, el Mundial habrá perdido su partido más importante.
Fuente: El Colombiano
